MEMORIAS. Parte I



Empezaba el invierno cuando terminé mi doctorado en Londres. Siempre me gustó el invierno hasta ese día en el que finalmente tomé conciencia de que debía volver y que no tenía idea de lo que haría con mi vida.

Finalmente, 4 años sin mucho contacto con “allá” no iban a ser fáciles de retomar. Cómo hubiera sido mi vida si me casaba con él y no terminaba mi carrera, si no aplicaba a la beca. Si no me hubiera sentido tan sola.

Si me hubiera especializado en matemática y estadística tal vez podría estudiar las variables y saberlo, pero ¿qué sentido tendría?

La Universidad me ofreció una cátedra y la rechacé. No expliqué que en Latinoamérica las cosas funcionan diferente. Debía volver y devengar con trabajo in situ, los años que estuve fuera. Siempre lo supe. Ni modo.

Adrian esta consciente de que si me voy, no volveré. Que nunca me ató tanto como me amó. Dudo mucho que me siga y sinceramente, espero que no lo haga. Siempre tuvimos un pacto tácito en el que la regla sería acompañarnos nada más. 

Extrañaré mucho a las mujeres del comedor, siempre complacientes conmigo, siempre tratando de servirme más aunque sabían que no debía comer tanto. Siempre comí de más. Por ellas.

En un par de semanas se formaliza mi título, lo regulan y me lo entregan. Debo entregar el departamento. Dudo que Adrian quiera seguir viviendo allí una vez que me vaya. Tal vez deba preguntarle.

Me emociona la idea de empezar una nueva vida, cerca de mis amigos y familia nuevamente. Aunque no sé como esté todo allá. 

Mi hermana dice que preparan una gran bienvenida. Me sentiré muy extraña. Nunca supe bien cómo comportarme en esos momentos… así como nunca supe qué hacer cuando me cantaban el cumpleaños. 

¿Ustedes saben qué hacer cuando les cantan el cumpleaños?

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