Sebas, Mr. Egon

En agosto del 2008 participé como fotógrafa invitada a un evento que organizaba un amigo en Ambato, ya no recuerdo el nombre pero incluía música, stencil y bmx.

A cargo del stencil estaba Demetzia. Ese día les conocí al Lucho y al Sebas, el Lucho en jean y camiseta como siempre y el Sebas, con Jean, camiseta y chompa perfectamente combinados y limpios.
El Sebas tenía rastas cuando le conocí.

Luego en el 2010 nos volvimos a vincular con ellos por el primer Grafff que organizaba Central Dogma en Ambato como parte del Festivalfff, ahí les conocí a los demás.

Entre pintadas fueron creciendo los lazos de amistad, y siempre coincidiamos en eventos, fiestas, expos.

No puedo decir que nos hayamos vuelto íntimos. Sólo nos unía algo mucho más grande. El color, las ganas de cambiar el mundo cada uno a su manera, ideando, creando, pintando, fotografiando, riendo.

En el 2012, le invité al Sebas a ir a pintar en Pelileo, al Kaminu; pero coincidió con su viaje a Alemania y ya no pudo ir.

No supe mucho de su vida durante al menos un año... pero siempre "mantuvimos el contacto por facebook" likes en sus fotos, diseños.

Cuando regresó de Alemania, le dije que me gustaba mucho el estilo que estaba trabajando y le propuse que ilustrara algo para mi, que quería tatuarme algo suyo, conversamos un poco de lo que quería y quedamos de concretar algún rato. Pero no pudimos.

Lo siguiente que supe del Sebas, estúpida y afortunadamente fue por Facebook. Había muerto.

A cuadras de su casa un conductor (inserte aquí el insulto que guste), iba a exceso de velocidad, lo atropelló, lo dejó solo y murió.

Intenté contactar a los amigos para saber donde lo estaban velando, desgraciadamente no podía hacer más que acompañarlo, acompañar a su familia, que nunca llegué a conocer, no se, la idea era estar juntos todos.

Eso me dió rabia, tener que volver a verlos a todos, a todos los que un día compartimos el sol y el color, en esas circunstancias, ir a verle al Sebas sin poder verle, sin querer verle.

Despedirse sin despedirse.

Pregunté, y dijeron que no sufrió, ojalá haya sido así. No lo merecía.

El Sebas, por decirlo de algun modo, siempre me pareció el mas formalito de todos. Bien criadito como dicen. Era oportuno, considerado y (en medio de los chistes, las pintadas y las bielas), era un caballero.
Cómo no iba a serlo si sus familiares más cercanos, los que estan dentro del corazón, eran tres mujeres.

Tenía una sonrisa preciosa. De esas que nunca te hacen dudar de su sinceridad.

Nunca se ensuciaba cuando pintaba, siempre le hacía el mismo comentario. Yo medio pasando una lata me embarraba toda.

Es extraño, podría decirse que compartimos cosas efímeras, quizás superficiales para muchos. Pero las siento importantes.

El tenía aún tanto para dar, tanto por hacer. Dicen que tal vez cumplió su ciclo y por eso se fue. Pero no siempre es consuelo.

Uno nunca quiere que alguien que aporta tanto a su mundo, a nuestro mundo, se vaya así.

Lo lloré, me enojé por la forma en que murió y en cierta forma me resigné.

Hace unas semanas, se emitió la sentencia en su caso, su muerte quedó sin sanción, pasó a la estadística; y, como tantas veces en este país, se le echó la culpa a la víctima.

Lo único bueno es que el Sebas nunca se irá.

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